miércoles, 1 de mayo de 2013

Catalunyacaixa...iceberg a la vista

Comunicar algo siempre debería ser un acto de reflexión y planificación. Si además, esa comunicación afecta y va dirigida a miles de personas de forma directa y a millones quizás, de forma indirecta, mucho más.

Un mensaje no puede partir únicamente de la necesidad u obligación que tiene el emisor de decir algo y una vez hecho, a su manera, forma y conveniencia, dar media vuelta dando por terminado su acto de comunicación.

Sería deseable que esa comunicación se hiciese considerando un conjunto de factores que garantizasen tanto el entendimiento del mensaje como las consecuencias posteriores en sus receptores: validación del emisor, tanto por el contenido del mensaje como a quienes lo dirige. Contexto en que dicho mensaje se da, es decir, situación y estado de receptividad de los receptores. Anticipación en lo posible de la reacción o reacciones que dicho mensaje provocará. Soportes y formatos más adecuados atendiendo a la naturaleza del mensaje, así como la adaptación de la comunicación a los diferentes casos y tipos de receptores de dicho mensaje: confidencialidad, anticipación, adaptación, etc.

La ausencia, intencionada o no, de esos parámetros y de muchos otros, de Catalunyacaixa en la comunicación de su situación y acontecimientos relevantes, parece una tónica habitual a tenor de lo que de ella se ha ido conociendo en el último año, tanto a nivel de prensa, comunicaciones de sus secciones sindicales y comentarios de sus empleados publicados en blogs y foros.

No es esta una afirmación ligera o precipitada, basta con haber leído en la prensa de hoy la comunicación que han realizado de sus resultados de 2012 y adivinar el contexto en el que esta comunicación se realiza.

La noticia de un resultado negativo en  2012 de 11.856 millones de euros, no es relevante en sí misma. Es triste admitir, que tal descomunal cifra de pérdidas no constituye una gran noticia. A pesar del retraso en su publicación definitiva (no habían publicado ningún otro dato desde el 2º semestre del 2012, y de los del 1er. trimestre de 2013, a este ritmo, ya veremos cuándo), podemos decir aquello de que el “patio iba lleno” hace tiempo y por distintas fuentes, entre ellas la propia CECA, de que el resultado negativo iba a rondar los 12.000 millones.
Quizás esa falta de sorpresa, sea un claro indicativo del grado de expectativa y confianza que despierta a estas alturas esta entidad, teniendo en cuenta su gestión. Pero tampoco hay que llevarse las manos a la cabeza, ya que nadie, ni su directiva ni su propietario, han hecho nada para que fuese de otra forma.

La explicación dada para este resultado, tampoco desmerece poder situarla justo a continuación del largo decálogo de declaraciones que sus gestores han hecho en sus casi 5 años de mandato. Decir que el grueso de tal nivel de pérdida se debe al 59% de “descuento” en el precio de los activos traspasados a la SAREB (-9.733 millones) y a los 1.250 millones en dotaciones provenientes por los costes de reestructuración establecidos por Bruselas, puede ser cierto a nivel matemático, pero también es cierto que el panadero de mi pueblo les contestaría, seguramente que: pues no haber estado en tan mal estado y tan mal gestionados para no haber necesitado ni lo uno ni lo otro.

Como decíamos, un argumento más a añadir a esa lista de declaraciones de su presidente Adolf Todó: “No tengo vocación de ser el violinista del Titánic”, “Catalunyacaixa es un puerto seguro” o la gloriosa de “Al 99% de nuestros clientes, Moody’s les suena a nombre de discoteca”, etc.

Lo que si nos parece relevante, y de qué manera, son las dos noticias que han acompañado a la comunicación de sus resultados de 2.012.

La primera de ellas, que su previsión es obtener beneficios en el 2.013, y la segunda que pone a la venta su red de 316 oficinas de fuera de Cataluña.

Hay que ser osado, al menos así nos lo parece, además el día antes del 1 de mayo, dar a conocer a toda su plantilla y clientes ambas novedades o noticias. Pormenoricemos el contexto de ambos receptores.

Por un lado, una plantilla que lleva más de un año en el vilo del rescate, la nacionalización, subastas aplazadas –unas- y fracasadas –todas-, con la incertidumbre sobre el futuro de su puesto de trabajo en el aire, los de la red de Cataluña y con la certeza de su inconcretable despido, para los de la red de fuera de Cataluña, sabiendo por la prensa, desde hace más de un año, que su máximo directivo había declarado abiertamente que la única solución para la entidad era que la adquiriese otro propietario, o hace unos meses, que abandonaba el barco comunicándolo por videoconferencia. Una plantilla, que ha visto recurrida por su empresa la sentencia favorable para cobrar el incentivo 2.011 y que quizás, tampoco haya cobrado el de 2.012, etc, etc, etc.

Y unos clientes, que lo son de una de una entidad con ese nivel de pérdidas, que además ha sido nacionalizada y ha recibido, entre unos conceptos y otros, cerca de 17.300 millones en ayudas, sin contar los 6.708 traspasados a la SAREB y que un buen número de ellos tienen atrapados parte, sino todos sus ahorros, en productos híbridos, por no hablar de los que tienen sus cuentas en oficinas fuera de Cataluña (una cifra de negocio de 15.000 millones).
Pues con todo eso, y más que nos dejamos seguramente, bastan dos frases y un “omitido” hasta luego, para no decir nada más, porque seguro que ahora mismo,  a estas alturas, nadie se está preguntando nada. ¿O si?

Quizás los empleados de su red de fuera de Cataluña se pregunten bajo qué justificación se van a ir a la calle bajo un ERE con 20 o 30 días, si su empresa ha sido saneada y es extremadamente solvente –según declaraciones del propio Sr. De Guindos y de Catalunyacaixa- y que además, dará beneficios este año. El mismo año en que los echaran a la calle. Claro que puede que en realidad se hayan sentido aliviados porque en realidad, han sabido por la prensa, que se ha iniciado la venta de las oficinas, pero la noticia no dice nada de los empleados que en ellas trabajan.

También puede haber sido una estrategia de crecimiento disimulado en territorios fuera de Cataluña, esa misma que según la prensa, está canalizando una fuga constante de recursos hacía otras entidades financieras (en total, la banca nacionalizada ha perdido 22.000 millones el año pasado y 12.000 en lo que va del presente).

Quizás los clientes de esas oficinas de fuera de Cataluña, se estén preguntando por qué siguen teniendo cuenta en una entidad que le lanza la noticia, de que la oficina dónde depositó su confianza ahora se cierra... ¿con su dinero dentro? Es posible que los empleados hayan recibido instrucciones concretas para poder tranquilizar a esos clientes al día siguiente de la festividad del 1 de mayo. Es posible, si.

No existen muchas explicaciones posibles para comunicar algo de esa trascendencia para tantas personas, haciéndolo de esta manera: por incapacidad y falta de profesionalidad o por falta de sensibilidad absoluta y desapego sin matices a la plantilla y los clientes, o bien por divergencia absoluta entre los objetivos y necesidades del emisor y los receptores.

Ninguna de ellas dice mucho a favor del trato dispensado por Catalunyacaixa a quienes son su gente en el sentido más amplio. Ninguna de ellas da cobijo a cierta consideración y entendimiento razonable por la situación a la que ha llegado. Ninguna de ellas, pone como ejemplo de nada favorable, a sus dirigentes, esos mismos que siguen en el mismo sitio de siempre a estas alturas.

Pero tampoco, ante la acumulación y reciente biografía de hechos ocurridos en esta entidad, dejan en muy buen lugar a sus sindicatos. Quizás algunos de ellos estarán leyendo, con cierta inquietud, la reciente noticia de cómo en Bankia, se están anulando las peticiones voluntarias de baja en su ERE (quizás es que lo sabían de antemano). Claro que en un país dónde la cúpula de un sindicato adquiere varios vehículos Audi para desplazarse o se le paga casa, luz y agua a alguno de sus dirigentes territoriales…todo puede pasar.

Comunicar es algo que requiere conocimiento, intención, voluntad y responsabilidad. Unas capacidades, idénticas por cierto, a las que se les debería exigir a los que dirigen una entidad financiera. Si no, se comunica así de mal y se dirige peor todavía.
   
Fuentes:







2 comentarios:

  1. marinero2/5/13 7:00

    Falta un pequeño detalle, para las comunicaciones sin sentido, tipo puerto seguro y rdv, se convoca a toda la plantilla a la reunión online y para ésta (que no importa... parece) se hace en pleno horario de apertura de oficinas y no convocando a la plantilla, simplemente un triste mail para que vayas al enlace y leas, tras muchos párrafos sin sentido, la realidad de las pérdidas. Es de traca, vamos...

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  2. Hola Marinero

    Sin duda, como bien expones, una forma más que pone de manifiesto las formas y maneras "preferidas" de esta entidad en el tema de comunicación y, por tanto, el fondo y maneras también de quienes la dirigen.

    Esto de utilizar el e-mail para este tipo de noticias a la plantilla, se podría considerar una nueva variante de "spam" corporativo. Claro que teniendo en cuenta que, un día más tarde de que comuniquen que ponen a la venta toda la red de fuera de Cataluña, su Dept. de Comunicación invita en Twitter a los madrileños que gestionen entidades sin ánimo de lucro a que se apunten a su programa de ayudas...sólo faltaba que también les dijeran, que fuesen corriendo a informarse antes de que se cerrase la oficina.

    En fin...triste, triste y sin rumbo coherente.

    Un saludo Marinero y gracias por tu aportación.

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